Matthew Hagen era un cazador de
tesoros, buscaba en tierra y bajo el mar antigüedades que le dieran fama y
fortuna. Durante uno de sus buceos, encontró una caverna que desafiaba toda
explicación. No había ningún tesoro allí. En su lugar, se encontró a sí
mismo atrapado en un tipo de barro que lo transformó en algo parecido al
mismo barro multicolor.
Hagen descubrió que ésta piscina de protoplasma que había encontrado le dio
la habilidad de tomar cualquier forma que pudiera concebir. Podía duplicar
el color, textura, y habilidades de la forma que eligiera. Hagen no sabe
nada de combate mano a mano, y está más allá de la necesidad de tales
conocimientos.
Pero por todo eso en lo que se convirtió, ahora que pude ser cualquier cosa,
no puede acallar su inquietud, su necesidad de ser más de lo que era. Aún
así nunca fue más que un criminal de cuarta.